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El nombre de este pueblo viene de la mina de caliza, o calera como se decía antiguamente. El poblado indígena se denominaba Teusacá que, según algunos historiadores, significa "prisión" y según Acosta Ortegón es "cercado prestado". Por el año de 1597 los indígenas no estaban radicados en Teusacá ni tenían iglesia, en la visita que hizo el Oidor Ibarra. Por auto de fecha 1º de septiembre de 1604 el Oidor Lorencio de Terrones ordenó juntar los indios de Teusacá, con un total de 359 distribuidos en las parcialidades de Teusacá, Suabso, Tabtiba, Suto y Tuchasgula.

Era su cura doctrinero Fray Nicolás de Troya, quien declaró que la iglesia existente era de paja, pero que estaba haciendo otra el albañil Alonso Hernández. El 7 de octubre de 1639 vino a Usaquén el oidor Gabriel de Carvajal y por auto del 14 dispuso agregar a Usaquén los de Teusacá. Por el año de 1765 aparece como dueño de la hacienda La Calera, don Pedro de Tovar y Buendía, en torno a cuya casa se fue formando el caserío con los familiares y se fundó la parroquia de blancos bajo el patrocinio de Nuestra Señora del Rosario, cuya imagen ya se veneraba en 1772, año en que se supone fundado el pueblo el 16 de diciembre, bajo el patrocinio del dueño de la hacienda. De lo cual no hay testimonio ni autorización.

Más bien parece que es la fecha cuando fue erigida en parroquia la capilla allí existente. Por decreto Nº 73 de 14 de marzo de 1850 de la Gobernación de la Provincia de Bogotá se suprimió el distrito y su territorio se agregó a la capital. Por ordenanza Nº 154 de 21 de octubre de 1851 se restableció el distrito parroquial de La Calera desde el 1o. de enero de 1852. Por ordenanza Nº 197 de 14 de diciembre de 1853 se erigió en aldea el distrito suprimido de La Calera. Así, pues, el pueblo de La Calera no es de origen indígena sino blanco y debe su nombre al de la hacienda, que a ésta se le dio por las minas de caliza de la región y porque suele llamarse calera al lugar donde se extrae.

Aquí en La Calera se presentó don Pedro y pocos años después contraía matrimonio con doña Antonia María de Ricaurte hija de don José, quien ya era dueño en 1704 de la Hacienda de Teusacá La Calera. Él fue quien construyó la casa solariega, cuya capilla desde aquellos tiempos fue dedicada a Nuestra Señora La Virgen del Rosario. También aquí en este suelo reposan muchísimos de los miembros familiares descendientes del fundador. Esta casa y su capilla junto con algunas otras construcciones, en realidad formaban la casa de la hacienda y sus dependencias; con el tiempo viene a constituirse en la población de La Calera.

La bruma del tiempo ha cubierto con su manto los acontecimientos de la fundación, del devenir de los personajes coloniales de la independencia y de las familias allegadas a los descendientes de don Pedro Tovar y Buendia. Los muros, mudos testigos de la casa y la capilla son un testimonio material de la vida que se desarrolló en el solar durante varias generaciones y están unidos a lo que formó el patrimonio nacional.

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