La Guía Cundinamarca

La Guía Cundinamarca

2020-01-23

Imponer autoridad

Mientras en el altiplano iniciado el año se retomaron conflictos y enredos políticos y de todo orden, por aquí, en teoría y analizado de rapidez, nada que ver, andamos bacano, preparando el Carnaval, ilusionados con los proyectos de Gobernación y Alcaldía, unidad total. Pero no. Nos contagiaron. Es que Elsa heredó par de chicharrones indigeribles: Lo del Cari, que finalmente la decisión quedará a cargo de Procuraduría, Contraloría, y hasta Fiscalía. Y el otro emético, lo que por contagio ocurre en la Universidad del Atlántico. 

Durante mucho tiempo nuestra Alma Mater fue modelo nacional, un orgullo. Con altibajos, se logró hacer entender su importancia, se pudo estabilizar, y hoy hasta se plantea descentralizar la sede de Barranquilla para que, respondiendo a su nombre, haga presencia en toda el área departamental. Pero ha sido secuestrada. 

Es que las aparecidas tendencias de un intolerante sector que se hace llamar como  “progresista” ha venido de a poco minando las estructuras de la ley, del orden, y peor, hasta de la moral. Comenzaron subrepticiamente, fueron gradualmente mostrando las garras y, aunque son clara minoría, terminaron imponiéndose. Hoy, ¡Hay del que ose oponerse a sus dictados! Porque son los reyes de la intransigencia y la agresiva intolerancia. Infiltrados en todas las instancias, poco a poco y con el apoyo de ciertos medios, han venido a la fuerza modificando normas, conceptos, y hasta creencias, al punto que, por ejemplo, todo debe ser por consenso o negociado, como si la autoridad fuera negociable. No piden, sino que amparados en las vías de hecho ¡exigen! 

La Universidad Nacional hace años comenzó el despelote, y nos contagiamos. Por ejemplo, las fuerzas del orden no pueden ingresar a ninguna universidad, que en Uniatlántico hace tres meses un pequeño grupo decidió un paro, se tomó las instalaciones, y ningún ente oficial  se ha atrevido a expulsarlos. Decidieron un paro. Exigen convocar asambleas y comités donde las violentas minorías agreden a los pocos de las mayorías que se atreven a asistir y, claro, por sustracción de oposicionistas imponen por votación su criterio, y exhiben un supuesto proceso democrático, algo así como lo que en Venezuela hace Maduro. 

Pareciera entonces que todos piden un cambio en nombre de la libertad de expresión y los derechos, pero no se mencionan el derecho a la educación y  el de los padres que pierden su platica. No. Seguro que la inmensa mayoría de los matriculados  (se afirma que son 25 mil) quiere que se continúen las clases, quieren estudiar y graduarse, pero un pequeño grupo se opone e impone. No son comunistas: Ya el partido se pronunció rechazando el paro. Son adoctrinados soldados militantes del caos, y parece poco probable que se les convenza a punta de argumentos y explicaciones. 

¡Al fin! como debe ser, el Consejo Directivo fijó para ayer el reinicio de clases. No se sabe el desenlace, pero se espera que Elsa pueda intervenir y resolver el problema, dialogando, sí, y hasta conciliando. Pero imponiendo la autoridad. 


Fuente: Roberto Zabarain

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