Andrade Gonzalez

Andrade Gonzalez

2019-06-10

Marihuana, sí pero no.

Yo en los jueces no creo mucho. Menos en los encumbrados, en los de las altas cortes y tribunales. Como tal vez le ocurra a usted, me desorienta levantarme cada día en un país que se escribe, se reinterpreta o se tacha en sentencias de ocasión, a conveniencia de circunstancias políticas o mediáticas.

No me refiero a episodios cada vez más sonoros de corrupción, que ya repetido sería. Solo lo hago a la incertidumbre. A las decisiones judiciales ciclotímicas, a la excepción de la excepción; a la tal ‘modulación interpretativa de la sentencia integradora’. El lío de la tutela que suspende el punto equis de la sentencia y da un año para que la Corte otra vez falle sobre alguna cosa que le toca hacer al Congreso. 

Si no entendió, no se preocupe; es porque no se entiende. Tome aliento, vuelva a leer el comunicado de prensa de la Corte, luego espere tres meses a que revisen el texto de la sentencia y lo afinen; después sí, si su salud mental lo aguanta, relea las 200 páginas de comillas y cuando llegue a una parte que dice “Resuelve”, siéntese con diez abogados y oiga treinta hipótesis. Esto con los toros, las pensiones, los ladrones de las pensiones, la justicia transicional, la extradición, la doble o la quíntuple instancia para los políticos ‘paras’. 

La semana empieza con la nebulosa decisión de que usted puede fumar marihuana en la calle. Pero ocurre que le dirán que no puede llevarla en el bolsillo ni comprarla; puede chupar trago en la esquina, pero no en el parque; algo así como que el punto 2 del Código de Policía NO, pero el 3 tal vez, condicionado a que no se realice en los casos del numeral 2.1. 

En ‘La casa de la colina’, Erskine Caldwell recrea la escena de un juez que tira las cartas en el garito mientras dice que “Ser humanitario es un empeño encomiable en todo hombre que pueda permitirse tal indulgencia, pero no tiene nada que ver con la práctica del derecho”. Ironía al punto.

De veras se admiran los jueces cuando desmontan un dañino ‘statu quo’ o el moralismo disfrazado de filosofía. Pero no parece este el caso. En la decisión sobre consumo de psicoactivos y trago en el espacio público, vuelve a haber más revoltijo que certeza, cabos sueltos, incluso para quienes brindaríamos en mitad de la calle por defender el libre desarrollo de la personalidad.


Fuente: GONZALO CASTELLANOS V.

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