La Guía Cundinamarca

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2019-07-09

Una sola pregunta, señor expresidente. ¿Asistió usted al menos a una reunión con directivos de Odebrecht para hablar de su campaña?

No se trata de ponerlo contra el paredón para que conteste un cuestionario interminable con preguntas de modo, circunstancia, tiempo y lugar, porque para eso se supone que están los jueces, aunque los suyos, como los de todos los altos dignatarios en Colombia, sean tan precarios y quizás nunca lleguen a la verdad.

No se trata tampoco de prejuzgarlo, como lo hacen los activistas y las barras bravas que, diga lo que diga, jamás le creerán. No es una cuestión de minar su prestigio internacional, que tanto trabajo le costó alimentar a lo largo de los últimos ocho años y hoy lo tiene dictando clases y conferencias en las universidades más reconocidas del mundo. No se trata de sabotearle los distintos reconocimientos internacionales o de dejar sin argumentos a sus amigos, que se la pasan diciendo que “nadie es profeta en su tierra” y que su trabajo ha sido más valorado en otros países que en el nuestro, porque “a los colombianos nos ha quedado grande entender su vida y obra”.

Es, más bien, que la exigencia moral en su caso, por haber ostentado la primera magistratura del Estado y llevar en su pecho la honrosa medalla de ser premio Nobel, le impone estándares más altos que los de cualquier líder político por la connotación que tiene ser un ‘hombre de paz’.

Sáquenos de la duda, anímese a hablar o, si quiere, a tuitear. Le ahorramos que nos cuente si fue en una residencia privada, en la suya o en la de alguien más

Debe de ser muy aburridor que a uno le cuenten su propia historia los demás sin decir ni mu. Debe de ser jartísimo, por ponérselo en términos bogotanos, saber que no solo fue la declaración del empresario Andrés Sanmiguel la que permitió que su reelección de 2014 esté una vez más bajo la lupa del Consejo Nacional Electoral, sino que, de repente, pueden venir, de ahora en adelante, otras declaraciones de hombres que tienen mucho para decir y por ahora no han hablado, como un tal David Charry y otro tal Luis Peña, que su círculo de exfuncionarios y gente de campaña conocen bien.

Ni qué decir de lo que tiene por contar el muy mencionado Esteban Moreno en relación con los más de 3.000 millones de pesos de los que se habla desde aquella carta que enviaron los expresidentes Uribe y Pastrana y cuyos datos han venido corroborándose con diferentes testimonios, incluido el de su muy cercano senador Armando Benedetti.

Tal vez por eso, siempre que Moreno es abordado por distintos periodistas responde en privado, muy nervioso, que no quiere por ahora hablarle a la prensa y está preparando su defensa y declaraciones frente al aparato judicial.

Verdaderamente incómodo tiene que resultarle al señor expresidente leer las transcripciones de la última columna de Vicky Dávila en la revista Semana en las que queda claro que Roberto Prieto se paseaba por todos los despachos –incluido el de la primera dama– diciendo cosas de usted y usando su nombre, sin que todavía exista una desautorización de su parte.

Perturbador, por decir lo menos, que un hombre que ya se estaba acostumbrando al aplauso tenga ahora que dar explicaciones, pero qué le hacemos, señor expresidente: los honores traen consigo responsabilidades, y una de ellas es la de dar la cara frente a los graves señalamientos que se le hacen.

Por eso sáquenos de la duda, anímese a hablar o, si quiere, a tuitear. Le ahorramos que nos cuente si fue en una residencia privada, en la suya o en la de alguien más. Basta con que use la misma fórmula que empleó en aquel plebiscito por la paz de 2016 y nos dé una respuesta en clave de Sí o No.

Una sola pregunta, señor expresidente, y nada más: ¿asistió usted al menos a una reunión con directivos o enviados de Odebrecht para hablar de su campaña presidencial? ¡El país demanda de usted absoluta claridad!

@JoseMAcevedo


Fuente: José Manuel Acevedo

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