La Guía Cundinamarca

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Colombia, 2019-07-10

Defendamos la paz

Mi amigo Ricardo, al que a veces noto con corazón de bondad y no de león, se encuentra bastante mejorado de su dolencia habitual, la desesperanza. Hace pocos días se encontró con un generoso amigo, quien, después de intercambiar algunas frases sobre el país, lo invitó a participar en un chat dedicado a su tema central. Ricardo empezaba a cansarse de su incomunicación, de no salir a la calle, de no intercambiar opiniones. Había perdido amigos, tanto por haberse apartado de la vida social como por la siniestra polarización que margina a todo aquel que piense distinto. Aceptó la invitación, no sin cierto escepticismo.

Ahora me dice que se siente rejuvenecido, rodeado como está de los que participan en ese chat que tiene un propósito claro: la defensa de la paz. Es un instrumento de los ciudadanos para vigilar el cumplimiento de los compromisos firmados en La Habana, en el marco de la Constitución y las leyes. 

Dada la alta polarización que hay en el país, lo que más dignifica a ese grupo es el amplio espectro ideológico de los participantes, la diversidad de género, la variación regional, las experiencias disímiles ante la violencia, la diversidad profesional y la posición social. Y el respeto. Esa heterogeneidad personal, social, económica y política está unida a través del único propósito de defender y lograr la paz.

Una preocupación general es la insólita desaparición de Santrich, que da gasolina a los enemigos de la paz. Pero todos son conscientes de que un hecho individual no puede comprometer el proceso de paz

El grupo no exige ninguna adhesión distinta a la defensa de la paz. Ricardo cree que si alguien difiriera de ese principio y participara en el chat, tendría la oportunidad de discutir respetuosa y democráticamente, y podría ver una realidad nacional que escapa a aquellos que tienen los ojos cerrados por el odio y la prepotencia de las armas y la violencia. 

Los participantes –tanto políticos como profesionales, estudiantes, activistas, ambientalistas, líderes sociales o simplemente gente de buena fe– aportan información, discuten y proponen soluciones a los múltiples temas que surgen alrededor de la paz. Mucho más de cien mensajes fluyen diariamente en el seguimiento del cumplimiento o incumplimiento de los acuerdos de paz. Allí surgen las omisiones y acciones del Gobierno y otras instituciones. Las noticias sobre la paz colombiana, producidas fuera o dentro del país, tienen cabida inmediata en el chat.

Una preocupación general es la insólita desaparición de Santrich, que da gasolina a los enemigos de la paz. Pero todos son conscientes de que un hecho individual, de rueda suelta, no puede comprometer el proceso de paz, que es más profundo y necesario para todo el país. 

Cada tema tratado en el chat toma su curso y a él se prenden los que muestran interés, pero los datos graves no quedan solo en palabras o lamentos. Se proponen acciones de solidaridad y soluciones. La preocupación que a todos embarga es el asesinato sistemático y continuado de los líderes sociales. En el chat se ha dicho que esas muertes no pueden quedar en protesta y en estadística. Se ha propuesto que los miembros “adopten” líderes sociales para velar por su seguridad, hacer público el peligro que corren, como un medio para visibilizar el peligro y lograr que el Estado se sienta responsable por ellos. Además, que se sepa que ese líder tiene quien lo defienda.

El chat de esta gente preocupada por Colombia hace evidente la libertad y la vida, como por oposición a lo que se ve en el campo de los enemigos de la paz, en el que reinan el fervor por la guerra, por el odio, el pensamiento y las acciones en contra de la paz. Ricardo ha descubierto que hay otros grupos así, con otros temas en favor de Colombia. Ricardo, un poco tímido, todavía no ha aportado nada al chat, pero ha recuperado la esperanza y la fe por Colombia.


Fuente: Carlos Castillo Cardona

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