La Guía Cundinamarca

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2019-12-02

Marchas, empresarios y partidos

El paro nacional y las marchas que se dieron la semana pasada han despertado un ejercicio de introspección colectiva y de reflexión nacional. Tomará tiempo dilucidar las dinámicas profundas de la movilización, pero el ritmo de los acontecimientos no admite dilaciones en la toma de decisiones. A todos –cada uno en su ámbito– nos corresponde darle un revolcón a la forma como aproximamos nuestras responsabilidades. Nadie se escapa a la obligación de tratar de entender y, sobre todo, de buscar caminos de acción capaces de responder eficazmente.

Al primero al que le corresponde reaccionar es, obviamente, al Gobierno Nacional. No vamos a entrar hoy a analizar la respuesta que hasta ahora ha ofrecido Duque, pero la cosa no pinta nada bien. La vaguedad de la iniciativa de la “conversación nacional”, ilustrada por el sartal de lugares comunes que expuso la señora vicepresidenta Marta Lucía Ramírez en la entrevista que publicó este diario, no augura muchos éxitos por el lado del accionar del Ejecutivo.

A los gremios y los representantes de los sectores económicos se los percibe, con razón, igualmente confundidos, sorprendidos por la magnitud de la protesta. En su usual ‘instinto de rebaño’, han desfilado presurosos, cogiditos de la mano, por los pasillos de la Casa de Nariño para expresar un respaldo atropellado al presidente Duque. Como ya se empezó a ver, las protestas impactan los indicadores económicos. Tienen razón de estar angustiados.

El empresariado, en su justificado anhelo de pasar la página y volver a ‘la normalidad’, puede cometer el error de suscribir supuestas salidas que alivien las presiones de corto plazo, pero que impidan una indispensable reflexión sobre el papel que debe jugar el sector privado en la resolución de las presiones estructurales que residen detrás de esta insurrección cívica. Las marchas crean la oportunidad para que el empresariado reinvente su relación con la sociedad, pasando de ser el actor subsidiario que es hoy a protagonista central. Se trataría de evolucionar del rol de ‘empleador’ al de ‘integrador’ de la sociedad. Ayuda mucho, como dijo Jorge Orlando Melo en EL TIEMPO, que estas marchas carezcan de una motivación asociada a la ideología de la lucha de clases.

Las colectividades partidistas se han comportado como si las movilizaciones no tuvieran nada que ver con ellas. Quizás porque el hastío con la política tradicional y la corrupción alimenta a los marchantes, eso ha llevado a que los partidos se muestren inhibidos, achicopalados, vergonzantes. Su ausencia es protuberante. No están ejerciendo ningún tipo de liderazgo ante la perplejidad que les produjeron las marchas.

Después de la vigorosa demostración de participación democrática registrada en las elecciones de octubre, en las que claramente se manifestaron tendencias totalmente convergentes con las marchas, pero por canales institucionalizados, ahora a los partidos les dio por volverse convidados de piedra. Ese silencio le deja el espacio a lo que Mauricio Vargas llama “el partido de las marchas” y a los que sí quieren acabar con la democracia, como Gustavo Petro.

Los partidos, al igual que el empresariado, no pueden sentarse a esperar a ser convocados a una etérea “conversación nacional” cuando se le dé la gana a Duque o a Marta Lucía. Estos esenciales actores de la vida económica y política de la nación tienen hoy mucho más que aportar para resolver la crisis que simplemente refugiarse en el silencio o en delegarle las soluciones a un gobierno desgastado. Ojalá la sociedad no llegue al convencimiento de que lo que ocurre es que a los empresarios y a los partidos les importa cinco lo que está pasando.

‘Dictum’. Muchas señales de conspiración y manipulación en las marchas. Cuando el río suena...


Fuente: Gabriel Silva Luján

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