La Guía Cundinamarca

La Guía Cundinamarca

2019-12-02

Conversando

Una gran conversación nacional para abordar con serenidad, profundidad, pluralismo y tolerancia los grandes temas que interesan a los colombianos es, sin duda, una buena idea. Pero, para que no se malogre, es indispensable definir con precisión sus propósitos, alcances y métodos.

Para comenzar, es importante resaltar que las jornadas de movilización han encendido alertas importantes acerca de la necesidad de nutrir el proceso de formulación de políticas públicas con más voces ciudadanas a partir de una visión más amplia de la sociedad colombiana.

Infortunadamente, hace más de tres décadas que el Conpes, el Departamento de Planeación, el Consejo de Ministros y el Congreso de la República dejaron de representar a la mayoría de los colombianos.

En consecuencia, más de la mitad de los ciudadanos ni se sienten representados, ni se sienten comprendidos, ni se sienten interpretados ni se sienten satisfechos con buena parte de las decisiones adoptadas en los círculos aludidos, que han adoptado unas visiones negacionistas sobre la pluralidad, la diversidad y la heterogeneidad colombiana.

La conversación nacional no puede ser dogmática, ni se puede reducir a tratar de encontrar promedios falaces entre extremistas y radicales. Es para escuchar, rescatar y estimular todas esas voces que los radicalismos han silenciado o escondido.

Es para que todos aquellos que no nos identificamos con ningún extremismo podamos reconocer y expresar, en un concierto de voces democráticas, aquellas ideas en las que creemos y aquellas iniciativas o propuestas que consideramos contribuirían a construir un mejor país y una vida más digna para todos sus habitantes.

La conversación no debe ser contra Petro, ni contra Uribe, ni contra Santos ni contra Duque. No debe prestarse para mezquinos cálculos politiqueros. Debe ser en pro de las soluciones razonables, de las exigencias posibles. Las batallas frontales no deben ser contra personas, sino contra prácticas y costumbres que han derivado en violencia, corrupción e inequidad.

Y es, justamente, en esa dimensión en la que una conversación nacional amplia adquiere sentido. Para que las políticas públicas no se sigan formulando a partir de la visión de unos pocos y para que dejen de ser solamente la síntesis de quienes acceden a tales ámbitos.

Dirán que para eso es el Congreso de la República. En teoría sí, pero en la realidad no, porque son tan gigantescos los vicios electorales y la inveterada compra de votos que mucho país se queda por fuera de ese proceso.

Cumple un papel formal. Representa, cómo no, un número importantísimo de colombianos, pero son más los que se quedan por fuera. Tiene, sin embargo, la fuerza institucional.

Por eso, la conversación nacional será enriquecedora y refrescante y ayudará a acertar en la toma de decisiones. Pero ni sus deliberaciones ni sus conclusiones pueden ser obligatorias. No pueden imponerle al Gobierno decisiones contrarias a sus tesis, pero sí, cumplir el papel formidable de tonificar y enriquecer las políticas públicas e impulsar la búsqueda de puntos de encuentro. Estimulan consensos, amplían espectros, incorporan país.

Así, la conversación nacional abre un camino de escucha, propuestas y contrapropuestas que se proyectarán algunas hacia los próximos gobiernos y las próximas elecciones, y otras hacia coincidencias y acciones más inmediatas, urgentes.

En todo caso, su valor agregado será significativo si todos concurrimos a ella con sentido patriótico, con ánimo propositivo y con humildad de palabra y de escucha.



Fuente: Juan Lozano

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