La Guía Cundinamarca

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2019-12-03

Para 2020 habrá más refugiados venezolanos que sirios

Para el próximo año, es decir, en algún momento a partir del mes siguiente, el número de venezolanos que buscan refugio en el mundo superará el de los sirios que escapan de la guerra en su país.

La noticia es impactante, sobre todo considerando que de los casi 32 millones de habitantes que tenía Venezuela en 2015, se calcula que por lo menos 4 millones habrían abandonado su país hartos de la violencia, la inseguridad, la inestabilidad política, la pobreza extrema, la desnutrición, el hambre y enfermedades como la malaria, la tuberculosis y el sarampión.

En Venezuela escasean la comida y las medicinas, el sistema de salud pública se ha colapsado, la vivienda es insuficiente, la transportación es ineficiente, y lo que abunda son los conflictos sociales y políticos, la dislocación y la separación de familias. El Gobierno está en bancarrota, y la inflación anual, hasta septiembre de 2019, superaba el 3.000 por ciento.

Aparte del enorme costo para el país que los acoge, el hecho de que emigren sin contar con los recursos económicos necesarios para sobrevivir los coloca en situaciones de riesgo

En Siria se calcula que alrededor de 5,6 millones de personas han abandonado su país, en guerra desde hace más de nueve años; en Venezuela, la cifra de refugiados llegará a 6,4 millones de personas en 2020.

El éxodo que ejemplifica la magnitud del fracaso venezolano seguirá teniendo repercusiones dramáticas en los países vecinos, principalmente en Colombia, donde, según el International Rescue Center (IRC), a la fecha residen aproximadamente 1,3 millones de venezolanos, con el agravante de que la cifra está en constante evolución porque hay un flujo constante de aproximadamente 4.000 refugiados que a diario cruzan la frontera entre ambos países. A Colombia le siguen en la lista Perú, que ha recibido aproximadamente 860.000; Chile, con 371.000, y Ecuador, con 330.000.

Aparte del enorme costo para el país que los acoge, el hecho de que emigren sin contar con los recursos económicos necesarios para sobrevivir los coloca en situaciones de riesgo ante grupos de criminales violentos que buscan aprovecharse de su precaria circunstancia.

El caso de Venezuela no es el único problema que enfrenta el continente. “América Latina –dice el guatemalteco Eduardo Stein, representante especial de Acnur y la OIM para los refugiados venezolanos– está experimentando el mayor flujo migratorio forzado de toda su historia; ni en los periodos de las guerras de independencia ni en tragedias de desastres naturales hemos enfrentado un fenómeno de este tamaño”.

En el continente americano hay centroamericanos que quieren emigrar a Estados Unidos, bolivianos que buscan trabajo en Argentina y Chile, nicaragüenses que se establecen en Costa Rica, y así sucesivamente. Y, aunque en principio parecería que habría que distinguir entre refugiados y migrantes, en el fondo se unen por la voluntad de abandonar el país en el que nacieron, y delata la existencia de problemas semejantes, aunque en circunstancias diferentes.

En el caso de Venezuela es evidente que se requiere, como ha propuesto Eduardo Stein, una “respuesta regional coherente, predecible y armonizada, semejante a la Conferencia Internacional sobre Refugiados Centroamericanos, creada en 1989 para aliviar la situación de los desplazados por las guerras en Centroamérica”. La Conferencia serviría para recaudar fondos de ayuda a los refugiados y a los países que los acogen, y para establecer normas regionales de acogida.

Los países más ricos del continente, afirma Stein, son los que más incentivos tendrían para contribuir al fondo a fin de evitar que la difícil situación de los desesperados incendie la región y aumente el éxodo hacia los países más ricos.

Evidentemente, antes de la Conferencia habría que negociar la salida pacífica del actual gobierno de Venezuela, un desgobierno que lleva ya más de una década reafirmando su incompetencia.



Fuente: Sergio Muñoz Bata

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