Rossy Suarez

Rossy Suarez

2019-02-07

Olvídense del mercado libre

El miércoles, la Comisión Europea prohibió el plan de fusión del negocio de construcción de trenes y equipamiento ferrocarril de la francesa Alstom con la alemana Siemens. El argumento de la comisaria para la Competencia, la danesa Margrethe Vestager, es que la empresa resultante tendría una posición de dominio en este sector estratégico del transporte en Europa. Esta decisión, que se esperaba, ha desatado un gran debate sobre la política económica y de competencia de la Unión Europea. Porque si es cierto que Alstom-Siemens tendría una posición dominante en el mercado europeo, las dos empresas por si solas no pueden competir ya a nivel global con sus rivales, especialmente CRRC, fruto de la fusión de dos compañías estatales en China. En Bruselas deberían tener en cuenta la dimensión global en vez de solamente el mercado interior, aunque este sea el más grande del mundo, dicen los críticos.

Los temores a una guerra comercial se centran en las tensiones entre el régimen chino y la Casa Blanca de Donald Trump. Pero en Europa también se están preparando vallas de defensa contra la creciente competencia del imperio asiático. En Bruselas se están barajando mecanismos para proteger a empresas europeas en sectores estratégicos contra la entrada de inversores chinos, que han tomado posiciones importantes en varios consorcios del Viejo Continente en los últimos años. El martes, el ministro de Economía de Alemania, Peter Altmaier, presentó su “Plan Industrial 2030” en el que se prevé incluso la posibilidad de que el Estado pueda entrar en el capital de una empresa alemana con el fin de evitar una adquisición hostil que no convenga al supuesto interés general. La reacción de los liberales ortodoxos de siempre no se hizo esperar: esto va contra el concepto de libre mercado, dicen.

Sin embargo, ¿se puede hablar de un mercado libre o de libre competencia a nivel global? La Unión Europea es un mercado bastante abierto y transparente, con reglas claras. No se puede decir lo mismo de China, que restringe la entrada de inversores extranjeros y apoya a sus empresas con subvenciones que en Europa ya no se toleran. Las empresas chinas operan con gran opacidad y en su expansión internacional no tienen que preocuparse por las repercusiones de imagen de aspectos como los derechos humanos.

Luego está el tema del espionaje industrial o la protección de datos, como demuestra la preocupación por Huawei, el gigante chino de las telecomunicaciones. Igual que EEUU, varios países europeos quieren vetar a la empresa en la construcción de las nuevas redes de telecomunicaciones 5G. Temen que Huawei pueda poner los datos de estas redes al servicio del régimen de Pekín.

Los adalides del libre comercio advierten de un receso de la globalización con estas medidas proteccionistas contra empresas chinas, muchas de ellas públicas o apoyadas por el Estado. Pero no puede haber un libre mercado si algunos jugadores tienen las cartas marcadas.


Fuente 

THILO SCHÄFER

elheraldo.com

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