Rossy Suarez

Rossy Suarez

Colombia, 2019-02-07

Pero deben pagar

No es fácil medir en el mundo el volumen del clamor que brota silvestre en la tierra suplicando paz, amor y perdón para una humanidad hastiada de las muertes, los crímenes y el odio. Desde todos los rincones surgen voces, asociaciones, fundaciones, movilizaciones, estudios, investigaciones, prensa y medios masivos de comunicación, inclusive gobiernos e iglesias, que piden un “¡basta ya!”, un “detente” para que la humanidad respete la vida, detenga la barbarie. Una humanidad que desde su precaria arcaica existencia se ha alimentado precisamente de eso: de la barbarie. ¡Qué ironía!

Colombia vive ahora una vez más ese grito de pedir auxilio para que llegue el perdón, la paz, la convivencia. Desde hace sesenta años hemos vivido sin detenerse el arrasamiento de la criminalidad desde las guerrillas, el paramilitarismo y el narcotráfico, unidos o separados destrozando al país. Seis millones de personas murieron, cinco mil quedaron lisiadas o discapacitadas, trescientos mil desaparecieron y lo peor de estas cantidades escalofriantes es que un 70% fueron civiles inocentes que no tenían ni arte ni parte en este terremoto de horror.

Encabezados por la JEP, que traduce Justicia Especial para la Paz, decenas de organizaciones de toda índole y formas abrigan por la búsqueda de la paz y el perdón. La ordenanza jurídica de justicia, reparación y no repetición abandera todos unos masivos propósitos de buscar la construcción de una nueva Colombia con el apoyo de muchísimos movimientos que invocan la nobleza del alma para que todos podamos perdonar. Es el perdón el que se persigue como una fórmula final aquella de la cual Sartre decía con sabiduría “que siempre hay un punto final que tiene como única cuna el corazón”.

Esa búsqueda la sentimos llegar por todos lados día a día. El proselitismo que se despliega para alcanzarnos es tan vasto que a veces millones de personas nos preguntamos si de verdad íntimamente seremos capaces de borrarlo todo de la mente, como no pudieron hacerlo las generaciones anteriores a la nuestra, que según los historiadores jamás olvidaron los horrores de la Colombia de siglo XIX y gran parte del siglo XX. ¿Podremos ahora nosotros conseguirlo ante el asedio de las millones de voces que nos ruegan a los ciudadanos común y corrientes que busquemos la paz y la concordia a través del perdón?

Entonces nace la gran reflexión, la inmensa meditación de lo más íntimo: ¿se puede perdonar a quienes asesinaron tanta gente inocente y fueron premiados hoy día con curules en el Congreso, con treinta millones de sueldo mensual, con todos los esquemas de protección, alimentos, ropa, vivienda, servicios? Esa es la gente que nos piden perdonar. Bien; nosotros creemos que sí se podrá perdonar algún día, pero antes, bien claro lo decimos y lo dice media Colombia, antes deben pagar por sus crímenes, en la cárcel, por varios años, privados de toda misericordia expuestos a la justicia divina. Después cuando hayan saldado su deuda es bastante posible que millones de colombianos podamos perdonar: los acuerdos de paz firmados son apenas una apertura, un comienzo, ¡pero la paz del alma no llegará si no pagan los culpables sus crímenes horrendos!


Fuente 

ÁLVARO DE LA ESPRIELLA

elheraldo.com

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