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Corrupción ambiental en la CAR Cundinamarca

Históricamente se ha denunciado la cooptación de las direcciones de las CAR por grupos políticos que intervienen directamente en la elección dentro del Consejo Directivo. Pero muy poca atención se ha puesto sobre la conformación de estos consejos que, en últimas, pueden tener más poder que el mismo director y menos visibilidad.

Este es el caso de la CAR de Cundinamarca y dos representantes de “entidades sin ánimo de lucro (ESAL) ambientales” con domicilio en la jurisdicción y cuyo objeto sea la protección del medio ambiente y los recursos renovables. Luis Alejandro Motta Martínez y Andrés Iván Garzón, los dos delegados de ESAL ambientales de esta CAR, llevan más de 20 años en el cargo y en noviembre de 2019 fueron reelectos para el período 2020-2023. Estos personajes han cooptado los espacios de representación en detrimento de organizaciones verdaderamente interesadas en el cuidado ambiental de la región.

Andrés Iván Garzón no cuenta con título profesional y ha sido representante ante el Consejo Directivo hace 25 años. En esto se sustenta su experiencia e idoneidad para el cargo que desempeña.

 

Fuente: EL ESPECTADOR

Sus inicios en el sector medioambiental datan de 1994 cuando alcanzó el Consejo de Directivo de Corpoguavio, otra CAR, como evidencia la hoja de vida que presentó como candidato en 2019.

El perfil de Garzón es tan diminuto que no se conoce realmente su trabajo por el medio ambiente antes de pertenecer a su primer consejo en 1994, inclusive no se conoce qué entidad representó para esa época. Desde 1997 es presidente de la ESAL Asociación de Ambientalistas Siglo XXI.

Por otro lado, encontramos a Motta Martínez quien tampoco evidencia título, pero cuenta con una diferencia y es su pertenencia al sector esmeraldero, donde llegó a ser fundador y presidente de una asociación de esmeralderos (ASOCOESMERALD) entre 1988 y 1990. De hecho, en una entrevista en 2019 con Caracol TV aceptó que aún se dedicaba al comercio de esmeraldas.

Su participación como director en la revista Acción Ecológica le permitió entrar al sector ambiental, una publicación desconocida por expertos. En 1997 fue electo representante de ESAL en Corpoguavio y posteriormente desde el 2000 representante ante la CAR de Cundinamarca. Dentro de su larga trayectoria, Motta ha consolidado muchas alianzas políticas en Bogotá y Cundinamarca que llevaron a su hijo, Juan Camilo Motta Ospina, a la gerencia de gestión humana y administrativa de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá en la administración de Enrique Peñalosa.

Camilo Motta no cuenta con título universitario y su cargo en el acueducto ha sido el más relevante de su vida profesional. Se perfila como el sucesor de su padre. Incluso, se inscribió como candidato para la elección de representantes de ESAL de la CAR de Cundinamarca en 2019, candidatura que finalmente no fue validada.

Otro de los aliados con los que cuenta Alejandro Motta es Francisco Cruz Prada, actual viceministro de Políticas y Normalización Ambiental de Minambiente. Lo conoció cuando trabajó en la CAR de Cundinamarca entre 2012 y 2015. También hay que resaltar que fue secretario de ambiente de Enrique Peñalosa.

¿Pero cómo hicieron Motta y Garzón para mantenerse 20 años en el consejo directivo de la CAR?

Todo se debe a la laxitud de la forma de elegir a los representantes de las ESAL.

La Resolución 606 de 2006 del Ministerio de Ambiente solicita tres requisitos:

  • Cámara de Comercio de la organización constituida con cuatro años de existencia.
  • Mínimo tres certificaciones de la ejecución de mínimo tres proyectos o actividades en pro de la protección del medio ambiente.
  • Un informe sobre las actividades desarrolladas en el territorio de jurisdicción con soportes.

La componenda empieza con la cooptación de las candidaturas y de las organizaciones que posteriormente participarán en la elección del representante del sector. Al revisar varias cámaras de comercio de las ESAL, se encontró a representantes legales con más de una ONG, como Angy Paola Guzmán Cristancho, representante de cinco, o Juan Carlos Escobar Cristancho y Junior Darío Vargas Carvajal, representantes legales de dos.

Como pueden ver en las imágenes, la señora Guzmán es representante de las ESAL CAMVER, ASARIO, CREARR, El Jardinero y ASOPRORIONEGRO.

Pero además varias personas son miembros de muchas juntas directivas al mismo tiempo. Como pueden ver, en las mismas cámaras de comercio aparecen varias veces los nombres de Óscar Julián Anzola Cifuentes y Luis Augusto Báez Garzón, es decir que esas ESAL son del mismo grupo.

Ahora, las anomalías no se detienen ahí ya que las certificaciones de las ESAL que prueban la aplicación de actividades en pro del medio ambiente también son una burla. ¿Qué se encontró en la investigación?

Se encontraron certificaciones de 20 ESAL proferidas por personas naturales de actividades proambientales irrisorias, muchas de ellas dueñas de cafeterías, de panaderías, salones de belleza, papelerías, droguerías y carnicerías. O certificaciones que pagaban las ESAL a emisoras para difundir una cuña radial.

La gran mayoría certificaba capacitaciones sobre reciclaje que iban de dos a seis horas de duración, avaluadas entre $150.000 y $350.000, valor asumido por las mismas ESAL. Es decir, los negocios que las recibieron ni siquiera las estaban buscando, no las contrataron para eso. En resumen, este un claro ejemplo de un contrato de yo con yo.

Todo este mecanismo permitió tanto a Motta como a Garzón controlar el día de la elección de representantes de ESAL. Incluso, el proceso de elección tampoco está estandarizado en la ley y las mismas organizaciones son libres de organizarlo. Ya con las mayorías, Motta presidió la asamblea y planteó la posibilidad de que cada representante de ESAL votara dos veces, uno voto por cada representante que debía ser elegido. Una completa falta de garantías para aquellas organizaciones que no hacían parte de su círculo.

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