Fotografía por: Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR)
Las quemas ilegales destinadas a la producción artesanal de carbón vegetal siguen siendo una de las presiones ambientales más preocupantes en Cundinamarca. En lo corrido de 2026, las autoridades han intervenido cerca de 27 casos, lo que equivale a un promedio de una quema detectada cada cinco días. Esta práctica, además de ser ilegal, deteriora la calidad del aire, afecta la cobertura vegetal y aumenta la vulnerabilidad de los ecosistemas frente a incendios forestales, especialmente en un contexto de alerta por la posible llegada del fenómeno de El Niño.
El problema no solo tiene consecuencias ambientales. También representa un riesgo directo para la salud de las comunidades cercanas, para la estabilidad de los suelos y para la conservación de zonas estratégicas del departamento. Municipios como Nemocón concentran buena parte de esta problemática, lo que evidencia la necesidad de reforzar las acciones de control y prevención en distintos puntos del territorio.
Nemocón, uno de los municipios más afectados
Los operativos adelantados durante el primer semestre del año muestran que Nemocón registra el mayor número de casos detectados dentro de la jurisdicción de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR). Esta situación ha convertido al municipio en uno de los focos de atención por la persistencia de actividades asociadas a la quema de residuos para la elaboración de carbón vegetal. A estos hallazgos se suman intervenciones en Soacha, la localidad de Ciudad Bolívar y el municipio boyacense de Ráquira.
De acuerdo con las autoridades, estas quemas se realizan con retales de madera, guacales, muebles en desuso, puntillas, fibras y otros residuos recolectados en vías o zonas cercanas. Posteriormente, estos materiales son sometidos a procesos de combustión incompleta, sin controles técnicos ni medidas de seguridad, con el fin de obtener carbón vegetal de manera artesanal e ilegal.
El resultado de esta práctica es la liberación de material particulado, humo denso y gases contaminantes que se dispersan en el ambiente y afectan de forma inmediata la calidad del aire. Las comunidades cercanas son las primeras en sentir sus efectos, especialmente en sectores donde la ventilación es limitada o donde la actividad se repite con frecuencia.
Una amenaza que aumenta con la llegada de El Niño
La preocupación de las autoridades ambientales crece ante la posibilidad de que el fenómeno de El Niño genere condiciones más secas y prolongadas durante los próximos meses. En ese escenario, las quemas a cielo abierto se convierten en un factor de alto riesgo, pues cualquier chispa o foco de calor puede desencadenar incendios forestales de gran magnitud, sobre todo en áreas con vegetación seca o altamente vulnerable.
Este tipo de emergencias no solo compromete la cobertura boscosa. También pone en peligro fuentes hídricas, fauna silvestre y ecosistemas estratégicos que cumplen funciones esenciales en la regulación del agua, la protección del suelo y el equilibrio ambiental del departamento. Cuando estos espacios se ven afectados, las consecuencias pueden extenderse por años y alterar la capacidad de recuperación natural de los territorios.
Por eso, la prevención adquiere un papel fundamental. Evitar nuevas quemas y fortalecer la vigilancia en zonas críticas resulta clave para reducir la posibilidad de emergencias que afecten tanto a las comunidades rurales como a los recursos naturales que sostienen su bienestar y sus actividades productivas.
El impacto también llega a la salud y al campo
Los efectos de estas quemas no se limitan al deterioro ambiental. La exposición constante al humo y a los contaminantes generados durante la producción ilegal de carbón puede agravar enfermedades respiratorias y afectar de manera especial a niños, adultos mayores y personas con condiciones de salud preexistentes. En muchos casos, la inhalación prolongada de estos residuos tóxicos incrementa la irritación ocular, la tos, las alergias y otros problemas asociados a la mala calidad del aire.
A esto se suma la pérdida de cobertura vegetal, un componente esencial para proteger los suelos frente a la erosión y para garantizar procesos naturales como la recarga hídrica. Cuando la vegetación desaparece, también se debilita la capacidad del territorio para retener agua, regular temperaturas y sostener actividades agrícolas que dependen de condiciones ambientales estables.
En municipios donde el campo cumple un papel central en la economía local, este tipo de afectaciones puede traducirse en menores rendimientos productivos, mayor presión sobre las fuentes de agua y dificultades para mantener el equilibrio entre desarrollo rural y conservación ambiental.
Operativos para frenar una práctica ilegal
Durante este año, las acciones de control han contado con el apoyo de diferentes organismos de seguridad y vigilancia ambiental, lo que ha permitido identificar y detener actividades ilegales relacionadas con la producción de carbón vegetal. Estos operativos han sido clave para actuar en flagrancia, recopilar evidencia y frenar la expansión de una práctica que continúa afectando distintos sectores del territorio.
Las autoridades han reiterado que los controles seguirán realizándose en varios puntos de Cundinamarca, con especial atención en las zonas donde se ha detectado una mayor recurrencia de estas quemas. El objetivo es no solo sancionar a los responsables, sino también desincentivar la continuidad de una actividad que pone en riesgo la salud pública, la biodiversidad y la seguridad ambiental.
La vigilancia permanente, sumada a la denuncia ciudadana y al trabajo articulado entre entidades, se mantiene como una de las herramientas más efectivas para contener este tipo de delitos ambientales.
Cuidar los bosques es proteger el futuro del departamento
Reducir las quemas ilegales no solo contribuye a mejorar la calidad del aire. También fortalece la protección de los bosques, los páramos y las fuentes hídricas que abastecen a miles de familias cundinamarquesas y que resultan indispensables para la vida, la producción agrícola y la estabilidad de los ecosistemas.
En un contexto de variabilidad climática y de mayor riesgo de incendios forestales, la prevención y el cumplimiento de las normas ambientales se convierten en herramientas esenciales para conservar uno de los patrimonios naturales más valiosos de Cundinamarca. Proteger estos recursos significa también garantizar mejores condiciones de vida para las comunidades que dependen de ellos hoy y para las generaciones que vendrán.
Fuente por: Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR)




















